Hoy en día el dinero está por sobre todas las cosas. El dinero corrompe, corrompe la vida, corrompe la moral, corrompe hasta el más fuerte de los sistemas políticos.
Yo era apenas un joven detective privado cuando decidí investigar el caso de las “Papeleras del Gualeguaychú”, pero que haya sido joven no quiere decir que haya sido incompetente.
La misma semana del corte bilateral se estaba debatiendo una importante ley en el Senado de la Nación, una que les pondría un fin a los monopolios rurales. Esta podría arruinar a mucha gente importante.
Volviendo al tema, lo primero que decidí hacer en aquellos tiempos fue hablar con un viejo amigo mío, un periodista. Quién mejor que él para instruirme en el tema.
Decidí reunirnos en un café a pocas cuadras de la Avenida Corrientes. Un lugar de aspecto antiguo y rústico; simple pero sofisticado. Bueno, lo único que me importaba de allí era su expreso. Le he dado la vuelta al mundo más de una vez y nunca probé un expreso tan delicioso como ése.
No pienso relatar palabra por palabra cómo fue la conversación, pero sí les daré una pequeña síntesis de lo narrado. Perdonen si mis descripciones son pobres, pero yo soy investigador, no escritor.
Empezando por lo fundamental, la papelera posee un contrato entre tres naciones para poder funcionar: con Argentina, Uruguay e Inglaterra. Cada cual recibe su parte de los impuestos anualmente y “no problem”.
Esta empresa produce entre tres y cuatro toneladas de papel bimensualmente, y sólo el diez por ciento de su producción se queda en América, y de ese diez por ciento, sólo el dos por ciento permanece en Argentina.
Referido al tema de la contaminación del río Uruguay, mi amigo me mostró unas imágenes utilizadas por los diarios y ambientalistas para criticar a la millonaria compañía, y todas eran completamente falsas, con su justificación, claro.
La primera de las fotos mostraba a un pato de cuello amarillo y alas marrón (conocido como darwinius islandius o “pato del ecuador”) nadando en un pequeño estanque lleno de una sustancia negra, aparentemente petróleo. Lo ilógico de esta imagen es que esa clase de ave únicamente habita en las islas subtropicales del pacífico como Dominica.
La segunda de ellas exhibía a un árbol cortado flotando en un río lleno de papel. En este caso, lo irreal de la imagen era que no había hondas en el agua alrededor de éste.
La tercera y última imagen que describiré era de la discriminada industria emitiendo de sus tres grandes chimeneas gigantes cantidades de humo. Lo raro de esta es que la empresa papelera, en realidad, tiene nada más que dos chimeneas.
Y así como estos había cientos de casos más, lo que me llevaba a dos posibilidades: Que los grupos ambientalistas y los medios de comunicación estaban dramatizando la situación. O que alguien quería, por alguna razón que aún no comprendía, hacer parecer que la compañía era contaminante.
Decidí hacer una investigación más profunda del asunto e ir directamente a la raíz del conflicto, a Entre Ríos.
Allí mismo fui a la sede de la “Unión Bilateral del Gualeguaychú”, es decir, los causantes del corte. El lugar era muy ordinario, dos habitaciones de no más de veinte metros cuadrados en total, las paredes pintadas de un fuerte blanco (supongo que por el tema del mal de chagas). En una de ellas, (la principal), se encontraban únicamente imágenes muy similares, por no decir iguales, a las mostradas por mi amigo. La otra sala era utilizada como oficina por el director de esta unión. Al entrar a ésta pude notar que todo era tan vulgar como el resto del lugar: un escritorio viejo y polvoriento en el centro, una sucia ventana a un costado que no dejaba ver el exterior, y, esparcidos por todo el piso, carteles y metros de largas tiras de papel.
El director era un hombre de unos cuarenta años, vistiendo un aparente costoso traje, me habló con ese acento típico de los entrerrianos.
-Y…dígame, don… ¿Pa qué está aquí?- me preguntó.
Hablé sin rodeos:
-Estoy investigando a las papeleras, bueno, más bien al tema de la farsa.
-¿De qué farsa habla?- dijo, sin mostrar cara de extrañeza.
-He descubierto que todas las fotos exhibidas por ustedes son falsas, al igual, creo, que la ideología del corte.
-¿Qué está diciendo, hombre?- exclamó, cambiando su cara a una de desprecio.
-Usted tiene un hermoso traje, ¿es un Dolce and Gabanna original?- pregunté retóricamente, sabiendo que sí lo era.
-Si, ¿pa qué le interesa saberlo?- su cara de desprecio hacia mí iba creciendo momento a momento.
-Es un hermoso traje, ¿cuánto cuesta hoy en día, dos mil, dos mil quinientos pesos? ¿Y traerlo a un lugar como este?- seguí hablando, no quería darle un momento para que piense en una mentira- Por la cantidad de basura que hay en su “oficina” puedo deducir que a usted no le interesa la contaminación…o bien que es un hipócrita.
-¡Retiresé de aquí ya mismo!- Gritó.
Quizá no debí llamarlo hipócrita. Decidí retirarme sin más vueltas de allí, pero antes de salir él me dijo:
-Sabe, no me dijo su nombre.
-Usted tampoco.- Le respondí, terminando nuestra pobre conversación.
Aún tenía muchos interrogantes. ¿Hay alguna conexión entre el “Señor Entrerriano” y las falsas imágenes? ¿Alguien lo habrá contratado para generar un conflicto allí? ¿Pero, por qué?¿Y quién?
La verdad es que no tenía nada concreto. Decidí hacer lo que hago siempre que tengo dudas, leer el periódico. En este caso el diario “Clarín”. Ahí lo comprendí todo.
Me topé en aquel momento con una noticia que decía que el Presidente, por el corte de las papeleras, iría a Uruguay a negociar la liberación de la ruta bilateral.
Seguro se preguntarán qué tiene que ver esto con mi investigación, bueno, les diré dos cosas que muy pocos saben: la primera es que muchos políticos, incluyendo al mismo Vicepresidente de la Nación, poseen patrimonios millonarios; mayormente como tierras en zonas rurales (campos o estancias).
La segunda es que para sancionarse una ley primero debe ser aprobada por el Senado y luego por el Presidente, sin el sello de él no puede ejecutarse esta. Pero si el Jefe de Estado se encuentra fuera del país, este derecho es pasado temporalmente a su sucesor político, al Vicepresidente.
Ahora todo tenía sentido, el plan era sencillo, pero muy inteligente. La ley perjudicaría a muchos políticos, si el Presidente la aprobaba, estos perderían miles, o tal vez más. Así que contrataron al Señor Entrerriano, un hombre ignorante y codicioso, para generar un conflicto en la frontera de Argentina y Uruguay, por lo cual éste tendría que irse a negociar al exterior. Y el Vicepresidente, tal vez el cerebro de la operación, poder rechazar esta.
Ahora la única duda que me quedaba era qué hacer con la verdad, tenía pensado dársela a mi amigo el periodista para que le publicase. Hasta que recibí al día siguiente un cheque a mi nombre con muchos ceros a su derecha. Tal como dije al comienzo: EL DINERO CORROMPE.